Las facturas médicas y el salario perdido son fáciles de sumar. El dolor, el sueño perdido, las aficiones que dejó y la ayuda que ahora necesita en casa son más difíciles, y las aseguradoras cuentan con eso. Esta página explica cómo se construye la cifra.
Si está pensando si llamar, una nueva consulta por lesiones llega a una persona real las 24 horas al (413) 426-8657, y la primera conversación es gratuita.
Dos clases de daños, y por qué solo una es fácil
Un reclamo por lesiones tiene una mitad económica y una mitad no económica.
La mitad económica es aritmética. La atención de emergencia, los estudios de imagen, la cirugía, la terapia física, el salario que no ganó, el kilometraje a las citas, el costo de la ayuda que tuvo que contratar. Se prueba con papeles y rara vez se discute en serio una vez que los papeles existen.
La mitad no económica - lo que la ley llama dolor y sufrimiento - es todo lo que el papel no captura. El dolor mismo. Dormir cuatro horas en vez de ocho, durante once meses. No poder cargar a su propio hijo. Dejar aquello que hacía cada sábado. La ansiedad dentro de un auto. Una cicatriz que ve en el espejo cada mañana.
Por nada de eso llega una factura, y justo por eso las aseguradoras lo tratan como negociable de una manera en que nunca tratan la cuenta de un hospital.
El mito del multiplicador
Leerá por ahí que el dolor y sufrimiento es igual a las facturas médicas por dos, o por tres, o por cinco según la gravedad.
En Massachusetts no existe tal regla. Ninguna ley fija un multiplicador, ninguna instrucción al jurado lo menciona y ningún juez le dice a un jurado que use uno. De dónde viene la idea sí es real: las grandes aseguradoras pasan los reclamos por programas de valuación que pesan datos codificados y producen un rango, y desde fuera eso parece una fórmula. Pero es la herramienta interna de una empresa, hecha para tasar su propia exposición, y no tiene autoridad alguna sobre cuánto vale su reclamo.
El daño práctico del mito es que enseña a la gente a aceptar una cifra derivada de sus facturas, cuando las facturas son la parte de la historia que menos tiene que ver con lo que de verdad perdieron.
Qué mueve realmente la cifra
- Duración. Seis semanas de dolor y dieciocho meses de dolor no son el mismo reclamo, digan lo que digan las facturas.
- Permanencia. Una lesión que se estancó sin llegar a la recuperación se valora a lo largo del resto de una vida. Es el factor más grande, y es la razón por la que acordar antes de que sus médicos puedan hablar de permanencia sale tan caro.
- Visibilidad. Una cicatriz en un lugar que la gente ve, sobre todo en una persona joven, pesa de un modo en que esa misma cicatriz en otro lado no pesa.
- Interferencia con la vida concreta que usted tenía. No "no pudo hacer ejercicio", sino "entrenó a un equipo durante once años y tuvo que dejarlo". La especificidad es lo que lo hace real para un jurado.
- Credibilidad. La coherencia entre lo que les dijo a sus médicos, lo que muestran los registros y lo que dice después importa muchísimo. Y también no exagerar: los jurados son implacables con un reclamo que se estira.
- Corroboración. Un cónyuge, un compañero de trabajo o un entrenador describiendo el antes y el después muchas veces vale más que el testimonio de la propia persona lesionada, porque es más difícil descartarlo como interesado.
Qué la encoge
Los huecos en el tratamiento son lo más común y lo más evitable. Cuando alguien deja de ir a terapia física dos meses por el trabajo o por el cuidado de los hijos, el expediente se lee como dos meses sin quejas, y ninguna explicación agregada después repara eso del todo.
Las condiciones preexistentes se sacan constantemente, y hacen menos daño del que la gente teme: la ley toma a la persona lesionada como la encuentra, así que quien empeora una condición existente responde por ese empeoramiento. Eso sí significa que los registros tienen que mostrar la diferencia entre el antes y el después.
Su propia parte de la culpa reduce la recuperación en proporción, y la elimina por completo solo por encima del cincuenta por ciento.
Dos cosas que a la gente no le cuentan
Los intereses corren. En un caso de responsabilidad civil en Massachusetts, se añaden intereses previos a la sentencia sobre los daños desde la fecha en que se inicia la acción, a una tasa legal muy por encima de las tasas de ahorro actuales. Es una parte real del valor de un caso que llega hasta el final, y parte de por qué la demora no le sale gratis a un demandado.
El umbral se aplica solo a los choques de auto. Si su lesión vino de una colisión de vehículo, tiene que superar el umbral sin discusión de culpa descrito en las preguntas frecuentes antes de poder reclamar dolor y sufrimiento. Si vino de una caída, de un perro, de un producto defectuoso o de un peligro en el trabajo, ese umbral no tiene nada que ver con su caso.
Cómo ayudar a su propio reclamo
Lleve un registro corto y sencillo. No un diario de sentimientos: unas líneas por semana sobre lo que no pudo hacer, lo que se perdió, cómo durmió. Dos frases un martes de octubre, escritas cuando ocurrió, convencen más que un párrafo compuesto un año después, y es el registro que con más seguridad no existe cuando hace falta.
Vaya a sus citas. Dígale la verdad a sus médicos sobre sus síntomas, incluidos los que parecen menores. Fotografíe todo lo visible conforme va cambiando.
Y no acepte una oferta antes de que sus médicos puedan decir dónde quedó usted. Una vez que la cifra está en un finiquito firmado, el resto de la historia ya no se puede contar.
Si quiere una lectura sobre si la oferta que tiene enfrente es justa, esa conversación es gratuita.
Llame al (413) 426-8657.